Feb 14 2011

Recordando a Alfredo Donnay

Alfredo Donnay Gómez, nacido en Vitoria (Álava) el 21-1-1894, ahora se cumplen 117 años, murió en su ciudad natal bien cumplidos los noventa. Longevo, ciertamente, no sabemos si porque la vida festiva y musical alarga la vida o porque fue persona con conciencia social desarrollada y eso tranquiliza el espíritu y vivifica el cuerpo. El joven Alfredo con 16 años tomó el camino argentino donde residía una hermana. Fueron dos años en los que seguramente adquirió conciencia social y reivindicativa.

Retornado a Vitoria en 1913, trabajó de ebanista y abrillantador de muebles y, con las antenas bien orientadas, se movió en los ambientes más avanzados y progresistas de una ciudad con fama de clerical y castrense, que es como decir que se sintió a gusto en los ambientes anarquistas y no menos en los musicales (en 1917 miembro de la charanga Los Gitanos). En ambos iba a destacar.

Su tarea como músico es harto conocida: sin duda el padre de la música vitoriana y alavesa más popular, autor de innumerables piezas (letras y música) que se fueron recogiendo en varios libros: Canciones, Canciones de Alfredo Donnay, Juegos infantiles, Mis canciones, Nuevas canciones vitorianas, Nuevas y viejas canciones alavesas, Selección de canciones y Senderos de ilusión. Tal vez muchos no lo sepan pero el himno del Deportivo Alavés le pertenece, esa historia del “Bravo equipo albiazul…”. En sus últimos años recibió múltiples homenajes y en vida una calle de Vitoria tomó su nombre.

La otra faceta, la de concienciado trabajador yace en el olvido, y nos compete a nosotros rescatarla. Fue uno de los militantes más sólidos del anarquismo y de la CNT de Vitoria. Y no de los que llegan cuando ya el carro se desliza vigorosamente, sino cuando ni siquiera existe carro y hay que comprar los bueyes. Desde su llegada de Argentina se batió el cobre al lado de Galo Díez, Juan Aranguren, Juan Murga y otros contra lo que llamaban las “adormideras”, o sea, los obreros abotargados por el socialismo y el nacionalismo. Se lo batió bien, primero hasta lograr constituir una Sociedad Obrera de Resistencia (La Fraternal) recia y sin complejos en las protestas por la subida del pan (asalto de las tahonas en 1915), y paralelamente integrado en el grupo anarquista Los Conscientes (compuesto por Cosme Aranguren, Alberto Prestamero, Jesús Eseverri, Manuel Zavala, Juan Murga, León Jiménez, Isauro Hidalgo, Martín Ibáñez, Vicente Navarro, Indalecio Díaz y Juan Aranguren), padre y madre de todo cuanto en pro del ideal emancipador se forjó en nuestra ciudad. Y segundo, consiguiendo fundar y fortificar la CNT, no en vano, lo dicen los papeles, figura entre los refundadores en la fecha de 1-3-1920. En la Confederación destacó como poderoso militante en el Sindicato de La Madera y aún más como propagandista: por un lado, corresponsal de la prensa libertaria, encargado de difundir lo que proponía y hacía la entidad anarcosindicalista, por otro, poeta, autor de poemas revolucionarios profundos, sonoros y sinceros en defensa del anarquismo y de su solución social. Muestra de sus sentimientos y querencias son los poemas publicados en Solidaridad Obrera de Bilbao en 1920.

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