23 DE SEPTIEMBRE DE 1923 ASESINATO DE JESÚS PASCUAL AGUIRRE

Jesús Pascual Aguirre

El 23 de septiembre de 1923 fue agarrotado a sus 23 años en Tarrasa (Barcelona) Jesús Pascual Aguirre. Nacido en Vitoria, abandonó la casa familiar con catorce años, se ganó la vida por tierras guipuzcoanas, Francia y Barcelona y tempranamente se sumó al anarquismo y al sindicalismo revolucionario de CNT. En sus últimos años se integró en el  Sindicato de Alimentación de Barcelona y en uno de los grupos de acción más renombrados, el encabezado por Saleta. Detenido en el asalto a la caja de ahorros de Tarrasa (20-9-1923), en el que murió el somatenista Juan Castella, se le condenó a muerte en consejo de guerra sumarísimo. Murió con honor, rec
hazados auxilios espirituales de la clerecía,  al grito de ¡Viva la anarquía!

Continuar leyendo »

LAS HUELGAS DE LA REPÚBLICA. DE ABRIL A NOVIEMBRE DE 1931 (segunda parte)

Solidaridad Obrera 14-11-1931

En noviembre se acumulan las noticias tanto en los periódicos de empresa como en la prensa propia. Los artículos de Solidaridad Obrera[1] son especialmente significativos para conocer lo que los confederales pensaban, cuáles sus inquietudes, cuál su modo de actuar, por qué se comportaban así y de qué modo se movilizaban los trabajadores, y corren generalmente a cuenta de Daniel Orille.

Continuar leyendo »

1 de septiembre de 1936. ASESINATO DE ISAAC PUENTE AMESTOY

Isaac Puente

Isaac Puente Amestoy

El 1 de septiembre de 1936 fue secuestrado, asesinado y hecho desaparecer, seguramente en Pancorbo, Isaac Puente Amestoy. Ejecutado por fuerzas paramilitares franquistas y con el beneplácito, o al menos permitido, por las autoridades militares de Vitoria. Actualmente es uno de tantos de los que aún claman justicia enterrados en fosas y cunetas perdidas sin localizar.

Nacido el tres de junio de 1896 en la localidad vizcaína de Las Carreras (Abanto y Ciérvana). Isaac Puente Amestoy fue el más reconocido anarquista de Álava y, aunque no se diga, con harta diferencia, el más leído escritor de la provincia. Hijo de un carlista, estudió el bachillerato en los jesuitas de Orduña y en Vitoria (1911), y medicina en Valladolid y Santiago de Compostela (se desplazó a Santiago en 1914) hasta 1918. También tuvo en su adolescencia inquietudes artísticas (se le premió con un accésit en la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria en 1913). Continuar leyendo »

LAS HUELGAS DE LA REPÚBLICA. DE ABRIL A NOVIEMBRE DE 1931

Trabajadoras de la fábrica de sacos de yute de Vitoria

Trabajadoras de la fábrica de sacos de yute de Vitoria en los años 30

Llegó la República. Había muchas cuentas pendientes y para solucionarlas muchas huelgas pendientes. Mayo se presentaba sindicalmente caluroso.

A comienzos de mes la prensa (es de señalar la relevancia que daba a las informaciones provenientes de Vitoria a través de su corresponsal Sancho el diario barcelonés La Vanguardia) se hizo eco de la huelga en las obras de los solares de los antiguos cuarteles. El gobernador se entrevistaba con la Caja Social Católica y la UGT (Federación de Sociedades Obreras) y mostraba su extrañeza: muchos obreros dicen que quieren trabajar, pero ninguno lo hace1. Además se hablaba de que mañana se holgará en Ajuria y UGT denunciaba que se explotaba malamente a las mujeres en las fábricas de sacos de yute2. Continuar leyendo »

Días de Memoria:
1 de octubre de 1920.
NACIMIENTO DE INÉS AJURIA DE LA TORRE

Inés Ajuria

Inés Ajuria de la Torre


El uno de octubre de 1920 nace en Guernica (Vizcaya) Inés Ajuria de la Torre. Sufrió el famoso bombardeo de su ciudad natal de abril de 1937, en el que murió su madre, y quedó en manos de un padre poco comprensivo.

Su entrada en el movimiento libertario data de la posguerra cuando conoce a su futuro compañero, militante de CNT y FIJL, desplazado a Guernica, con el que (harto de detenciones y persecuciones) escapó a pie por los Pirineos a fines de 1946.

Residieron en París (hasta 1951), Chile (1951-1957), Uruguay (1957-1964), y de nuevo en París que abandonan con Franco agonizante para asentarse en Vitoria.

En la capital alavesa jugó importante papel en la reconstrucción de CNT (1976-1977). Miembro del grupo fundador (Macario Illera, Vicente Cuesta, Atanasio Gainzaráin, Miguel Íñiguez, Manuel Gutiérrez, José María Izquierdo), secretaría de tesorería en su primera Junta, constituida a comienzos de 1977. Más adelante también participó en la Asociación Isaac Puente (década del ochenta) y en la reconstrucción de CNT (década del noventa).

Culta y temperamental, murió en Vitoria el cuatro de agosto de 2007, con entereza, afiliada a CNT y afecta a la AIP, a las que apoyó siempre, como todas las iniciativas libertarias, y, cuando el peso de los años se dejó sentir, sobre todo, y con decisión, económicamente. Sin su aportación no hubiera sido posible adquirir la espléndida sede confederal de la que ahora gozamos, ni se hubieran podido celebrar las famosas Jornadas Libertarias de 2004 ennoblecidas con la presencia de Josefa Martín Luego y el conjunto de la Escuela Paideia de Mérida, ni algunos otros eventos de relieve.

“Anarquista de acción y sentimiento” reza su lápida y su entierro, como ella quería, no contó con sotanas ni crucifijos (unas semanas más tarde en el cementerio se le rindió un homenaje en el que se entonaron Hijos del pueblo y A las barricadas).

Su compañero, Francisco Martínez de la Hidalga (Vitoria, 20-3-1909 / Benidorm, octubre de 1985), militó en FIJL y CNT en Bilbao donde trabajaba como moldeador y cortador de calzado, en 1936 combatió en el frente del Norte enrolado en el batallón Durruti (ejerció de brigada). Represaliado al final de la guerra, tuvo que buscar trabajo en Guernica.

Documentos Históricos:
EL BATALLÓN ISAAC PUENTE EN EL FRENTE DE VILLARREAL
CNT del Norte, 28 de enero de 1937

Reportaje en CNT del Norte del 28 de enero de 1937

Reportaje con el Batallón Isaac Puente en Ubídea.
CNT del Norte del 28 de enero de 1937


Este reportaje, publicado en el periódico CNT del Norte del 28 de enero de 1937 y realizado por la periodista libertaria Cecilia García de Guilarte, nos muestra la vida cotidiana en el frente de Álava durante la Guerra Civil.

Visitamos las posiciones más avanzadas del Batallón Isaac Puente, que por estas fechas estaba desplegado en la zona de Villarreal, en un tiempo de calma en el frente, tras haberse estabilizado las posiciones después de la Batalla de Villarreal.

La dureza de la guerra y de la vida en el frente queda reflejada en este Documento Histórico, gracias al que podemos ser testigos de las esperanzas, alegrías y tristezas de aquellos compañeros que dieron todo en la lucha por la libertad, y en defensa de su idea del mundo, del mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones.

Se transcribe a continuación el texto del reportaje para facilitar su lectura. Hemos puesto entre paréntesis, con puntos suspensivos, las partes que la censura de guerra eliminó del reportaje, y nos hemos permitido, entre signos de interrogación, intentar completar algún texto faltante con lo que, muy posiblemente, estaba escrito en el original de Cecilia García de Guilarte.

Reportajes de CNT

Nuestra reporter, visita las posiciones del Batallón “Isaac Puente” en Ubídea.

El día es espléndido, a pesar del frío cortante, muy propio de esta mañana de enero. Apenas hace una hora que ha amanecido y ya en Ubídea se nota el movimiento propio de las zonas de guerra. Unos cuantos compañeros del (…¿Isaac Puente?) nos han saludado en la plaza y juntos emprendemos la marcha hacia las posiciones del batallón en las faldas del Gorbea.
Hace ya algunos días que no visitábamos este frente y nos sorprende el progreso que se nota. Está allí el batallón (…¿Disciplinario?) según nos informan, y tras los prisioneros de guerra que trabajan, va quedando un camino perfectamente trazado. Por lo demás, el ascenso es duro y la tierra húmeda por la reciente helada dificulta grandemente la marcha.
De vez en cuando resuena el cañón, como si el sonido, recorriendo a saltos el monte, llegase a nuestros oídos para recordarnos que España se desangra en una guerra civil, de crueldad insospechada.
Un viento fuerte acentúa el frío que se deja por estas alturas. Después de hora y media larga por sendas torcidas y barrizales, avistamos los primeros puestos del batallón (…¿Isaac Puente?). Son un grupo de chavolas y tiendas de lona, donde se hace la comida. Blancas columnas de humo se elevan al cielo como si quisieran cubrirlo de grises cendales que ocultasen el sol amarillento, como desteñido.
Diez y ocho días llevan los compañeros del (…¿Isaac Puente?) en estas posiciones y cada uno de acuerdo con su carácter se ha construído su habitación con el máximo de comodidades posibles. Algunos han agrupado sus viviendas formando una pequeña comuna. Otros se alejan de los grupos y a medida que avanzamos hacia las posiciones, nos encontramos con algunos compañeros que salen de sus “casas”, hundidas en la tierra. Nos miran con curiosidad hasta reconocernos y nos saludan alegremente. Me parecen pacíficos moradores de la caverna prehistórica y a darles este aspecto contribuye grandemente la barba de dos semanas y en algunos casos, las pieles de oveja con que combaten el frío.
– Calma, ¿eh?
– Sí, demasiada calma, compañeros.
– ¿A qué distancia se encuentra el enemigo?
La artillería fascista dispara sus baterías a cortos intérvalos, y la nuestra contesta. Junto a las trincheras enemigas se levantan negras columnas de humo después de cada disparo. Seguimos atentos esta lucha y los prismáticos nos acercan de vez en cuando la figura borrosa de algunos enemigos, que se pierden tras una loma, ocultándose a nuestra vista.
Más arriba, saludamos al sargento Valle, siempre optimista.
– Comeréis con nosotros, ¿qué os parece?
– Bien. Al volver entraremos en vuestro “hotel”.
– Hoy podéis hacerlo seguros de que comeréis. Ayer subimos al Gorbea y los compañeros nacionalistas, muy amables, nos dieron algo de lo que por aquí escasea. Tenemos carne de oveja y miel.
– Un banquete, amigo. Volveremos, no lo dudéis.
Ha cesado el viento y gruesas gotas heladas caen ruidosamente. A intérvalos la ametralladora suena como música de entierro sin corbata negra. Apenas visible, entre brumas, Vitoria; al fondo y a la izquierda, Villarreal, protegida por un pinar que pone en el paisaje una mancha obscura, verdinegra. Un grupo de compañeros, junto a los parapetos, nos sale al encuentro.
– Mal día habéis escogido – nos dicen.
– Sí, no pasará sin que nos mojemos. ¿Se hace larga la espera?
– Demasiado larga. Más que soldados en guerra, parecemos guardias de Seguridad en un pueblo pacífico. Para distraernos hemos de recurrir a resoluciones heróicas. Algunos han reaccionado de forma romántica y hacen versos a la luna. Por la otra parte debe ocurrir algo parecido.
Entre nuestras posiciones y las del enemigo, queda un llano en descubierto, bastante extenso. Algún grupo de casas negruzcas aquí y allá.
– ¿Dónde está el límite de nuestros dominios? – pregunto.
– Aquí – me dicen – el blanco es difícil; pero bajar al llano es correr una aventura.
– El peligro, desde luego – me dice uno de los valientes capitanes del (…¿Isaac Puente?) – es relativo. Nosotros bajamos con frecuencia hasta aquel pueblo de la derecha, que según creo se llama Murúa; al que también, al parecer, hacen incursiones los fascistas. Nunca nos encontramos con ellos, pero tengo mis motivos para creer que les iba a quedar el recuerdo. Por la izquierda llegamos hasta un caserío que ocultan aquellos pinos, donde hay colmenas que nos surten de miel.
– ¿Crees tú que será difícil bajar ahora? – le pregunto acariciando una idea.
– Yo creo que no, desde luego, tomando algunas precauciones.
Contemplando desde arriba el pueblecito abandonado empieza a parecerme suicida mi deseo, pero se trata de compensar la falta de emoción e interés que pudiera haber en la información. Creo que si existiese grave peligro, mis amigos no me hubieran dejado bajar, más a pesar de esta convinción me parece que voy a correr una aventura digna de un narrador americano o un francés de la vieja escuela folletinesca. Así como un paseo por Vitoria o algo más terrible. Claro que esto es exagerar un poco y yo me lo confieso; pero de otra forma resulta la vida tan sosa, que no está de más espolvorearla con la sal de la fantasía. Internarse en Murúa corriendo el peligro de topar con algún requeté excursionista, será una tontería, pero todo el mundo no lo hace.
Bajar el monte es ya una dificultad. La tierra está mojada y se resbala con facilidad. Llueve con bastante fuerza y la niebla más cerrada cada vez desdibuja los contornos restándoles energía y haciendo el paisaje cochambroso, de un gris amarillento que parece sucio. de entre girones brumosos, la torre de la iglesia de Villarreal (…) parece levantarse curiosa, como un muerto que de pronto se hubiese cansado de estar tumbado sin ver ni oir.
Hace ya un rato que caminamos. Con los prismáticos se ven las casas del pueblo, cuyas puertas y ventanas cerradas dan la sensación de una calma absoluta. Se extreman las precauciones. Avanzamos por la falda del monte, dejando el pueblo a la izquierda, a fin de que las casas nos preserven de un posible fuego enemigo.
Protegiéndonos con los helechos, caminamos inclinados como si buscáramos algo en el suelo.
A mí se me ocurre de repente, que en esta posición debemos ofrecer un cuadro ridículo y me levanto. Solo ha sido un instante. Como los dientes de un tísico enfebrecido, ha castañeado una ametralladora. Un grito fino, atildado y compuesto, ha llegado hasta mi garganta; pero creo que ha sentido tanto susto, que se ha vuelto presuroso, haciéndome cosquillas en los pies.
– Es nuestra – aclara un compañero – tenían que probarlas para limpiar de telarañas el caño.
– ¿Estás seguro?
Todos han debido notar una gran inquietud en mi pregunta, porque se ríen de buena gana.
– No temas – me dicen – la están probando, pero puedes estar segura de que funcionaría bien si nos hiciese falta.
No estoy muy convencida. Creo que en lugar de caminar así, deberíamos arrastrarnos por el suelo. Si no fuera porque me fastidia ensuciarme la ropa, lo haría.
Vamos a entrar en el pueblo. Ha dejado de llover y el sol en el cielo es como una hostia aureolada de luz hiriente. Hay un silencio molesto en lo que nos rodea y el pueblo está lleno de una calma desoladora. Una puerta abierta por casualidad, nos deja ver la cuadra vacía, como si las vacas que dicen de constancia y de trabajo, hubiesen sido tragadas por la tierra. Las calles están llenas de barro, un barro rojizo en el que se aprecian huellas inequívocas de zapatos de monte.
– Esto es nuevo – dice uno de los compañeros que camina junto a mí.
– Cierto – le contestan -, no estaban hace tres días.
Suena de nuevo la ametralladora y el cañón intenta en vano obscurecer el cielo con el humo negro de sus explosiones, que se pierde, se diluye en el ascenso agotador.
Decidimos volver a las posiciones. Alguien recuerda que necesita una cacerola para hacerse la comida y subimos a la casa, que quedó abierta, por si pudiéramos hallarla.
Hay cacharros allí. Todo está igual. Pero el fuego dejó enfriar sus cenizas. En la silla, junto al hogar, falta la “etxekoandre” con su labor de agujas, un calcetín interminable. Los nietos alborotadores y la “andría” diligente. Ha pasado la guerra. Todo está angustiosamente triste. Hasta un gato flaco y ennegrecido como si se hubiese hecho vegetariano, que se frota en nuestras piernas como pidiendo que lo llevemos con nosotros.
Desde una ventana del piso alto, pueden apreciarse a simple vista las trincheras enemigas, así como la doble alambrada. Se ve que perdieron impetuosidad y saben que en lo sucesivo habrán de luchar en defensiva.
– Telas de araña – me dicen -, el día que nos den la orden de avance.
– Es hora de terminar ya con esto – dice un joven libertario -. ¿Qué se dice en Bilbao? Apenas si nos llegan noticias.
– Lo de siempre – les digo -. Se tiene confianza en vosotros y en el triunfo.
– No nos faltan ánimos. La Europa proletaria y liberal, no quedará defraudada; pero es lamentable que dure tanto la guerra, mientras la tierra muere de deseos por recibir en sus entrañas la semilla del trabajo.
Caminamos silenciosos, como si toda la literatura antiguerrera que fortaleció en nosotros el espíritu pacifista, nos atenazase la garganta estrangulando nuestras palabras.
– La lucha enardece y es más triste la vida en el frente cuando la calma nos lleva a reflexionar. Cuando contemplamos los campos abandonados y la muerte como ramera irredenta, abrazada a tantas vidas jóvenes. Allí, en aquel caserío que ocultan apenas los pinos y donde bien pudiera esconderse la vida, unos cuerpos carbonizados lanzan al mundo el anatema de su condenación…
– No recuerdes lo que todos queremos olvidar, compañero – dice un capitán del (…¿Isaac Puente?) a nuestro joven amigo -. Se impone la lucha y no es hora de hablar, por cruel que esto nos parezca.
– Sí, es hora de luchar – contesta éste -, y sólo con el total exterminio del fascismo tendrá fin esta lucha. No consentiremos otros arreglos. Nuestros cañones deben firmar la paz.
Hemos llegado a las primeras posiciones. El sargento Valle nos grita de nuevo su invitación. Y allí nos vamos, colándonos por el agujero de su madriguera.
La comida es excelente y el apetito no pequeño. En un infiernillo en el que el cognac sustituye al alcohol, se nos prepara el café. Nuestro amigo, liberado por un día de los garbanzos, los deja pasar con un desdén digno de los moradores del Olimpo.
Después de la comida, numerosos compañeros se nos reúnen y charlamos un rato. Buen plantel de juventud y optimismo tiene el (…¿Isaac Puente?). Garantía de un mañana espléndido. Nos despedimos.
– Salud y ánimos – les digo.
– No nos faltan. Deseamos ser los primeros en entrar en Vitoria, donde cayó víctima del fascismo castrador nuestro compañero Isaac Puente. Y lo conseguiremos, porque en la lucha nos alentará el afán de vengar su vida, tan cara a nuestra querida C. N. T.
– ¡Salud! – Y aún se agitan los brazos en muda despedida. El grito, salido de chavolas y parapetos, presta al campo el aroma de su cálida fraternidad. Todo nuestro trabajo será poco, si hemos de pagar el sacrificio de los que enarbolaron la blanca bandera de la paz y hoy alientan esta guerra, santificada por el anhelo liberador del pueblo español.
(…)
– ¡Salud!

La Historia:
ABRIL DE 1931. LLEGA LA REPÚBLICA

Y con esto llegó la República y un nuevo gobernador civil Gabriel Martínez de Aragón, que extenderá su mandato entre el 19 de abril y el 30 de diciembre de 1931, en que lo sustituirá José María Amilibia (hasta el cuatro de octubre de 1932)1. Pronto se vio que el cambio de poncios no iba a significar mayor libertad y comprensión para las aspiraciones de la CNT, en la medida que las últimas superaban a lo dispuesto por los republicanos de partido.

Domingo Germinal

Domingo Germinal en los años 30

Proclamada la República en abril de 1931, el entusiasmo también se adueñó de Vitoria y no mucho más tarde la decepción producida por el camino escogido por aquellos republicanos que hasta semanas antes habían pastado en buen número en el pesebre monárquico de los seguidores de Sagasta. El periodo se inicia con mítines y conferencias encadenados2: el 18 de abril el legendario Domingo Germinal diserta en la sede social (“Reorganización y educación sindical“), el 19 en la sala Ideal suben a la tribuna en acto de afirmación sindical Manuel Fernández Vallejo, Orille y el citado Domingo Germinal, y el 20 otra disertación en el sindicato a cargo de Vallejo (“Bases sociales y sociológicas de la CNT“). El primero de mayo los reconocidos Ricardo Sanz, José María Martínez y Ascaso en gira norteña (Bilbao, Vitoria y San Sebastián) llamaron a fortalecer los sindicatos y a no dejarse engañar por los políticos, por muy republicanos que se dijeran.

Las cifras sobre la presencia confederal en Vitoria, ahora aposentada en la calle Ortiz de Zárate, 24, bajo, son imprecisas. Escasos parecen los cuatrocientos afiliados que se le atribuyen en algunas ocasiones a tenor de las luchas llevadas a partir de 1930, de su presencia en 1936 en los batallones anarquistas del Norte, de los numerosos detenidos con nombres y apellidos durante los años republicanos (sabemos de más de un centenar), del número de asesinados y de las informaciones de Vidiella para el que era una de las zonas con más grupos anarquistas organizados3. Muy escasos cuando al mismo tiempo se reconoce su fuerza en los ramos del metal (en la huelga de diciembre de 1930 el paro en la fabrica Ajuria, la más importante, superó las quinientas personas, y en la huelga de mayo de 1931 alcanzó a la totalidad de los obreros)4 y la construcción, su presencia entre los hojalateros, carboneros, curtidores, saqueras5 y otros gremios6 y su hegemonía entre los parados y emigrantes (conviene aclarar por ser tópico, falso tópico y extendido de nuevo, que efectivamente era mayoritaria entre los emigrantes, cosa natural si se conoce la ideología de CNT, pero con nutrida presencia de autóctonos ¿a quién le duele? como confirman los apellidos muy de la tierra de muchos de los militantes de los que se conoce el nombre). Las fuentes oficiales no son fiables porque en muchas ocasiones los sindicatos confederales no estaban legalizados por desinterés de la CNT o a causa de la supuesta ilegalidad de sus Estatutos (en 1932 fue rechazada la inscripción del sindicato ferroviario de Vitoria7 porque sus estatutos rehusaban la mediación de la autoridad en caso de conflicto, y tampoco se pudo legalizar un sindicato en La Puebla de Labarca). Y también como ya denunciaba Atanasio Rituerto en 1930 porque otras entidades sindicales no daban de baja a afiliados pasados a CNT. Otras fuentes suben el número a 750 y Manuel Pérez8 en su informe de los efectivos de la Regional Norte al Pleno Nacional, fines de 1931, habla de “Comarcal de Guipúzcoa y Álava” con comité ubicado en Tolosa y dice que la Federación Local de Vitoria contaba con cuatro sindicatos y 1.300 afiliados.

Por otro lado los actos públicos que realiza la CNT agrupan con regularidad a más de tres mil personas. Desde luego la representación (280 afiliados) con la que se acudió al congreso confederal tiene poco sentido por lo baja9. Sí parece seguro que la cifra fluctuó bastante en razón de la represión que prácticamente de manera continua sufrió entre 1931 y 1936. En todo caso lo incontestable es que la casi totalidad de las luchas las dirigió el Sindicato Único, frecuentemente contra los restantes sindicatos (UGT, SOV y Católicos), los cuales con repetición irritante ejercieron de esquiroles, que su influencia práctica era muy superior a la de los restantes sindicatos y que los que seguían las directrices del Sindicato Único, estuvieran o no afiliados, eran muchísimos. Igualmente parece indiscutible el predominio de las tesis anarquistas sobre las sindicalistas (la influencia de Isaac Puente, Atanasio Rituerto, Daniel Orille, Mariano Gutiérrez, Valentín García y Andrés Sarrate entre otros pesaba y cuando los conflictos internos entre faístas y treintistas se plantearon, los segundos no encontraron eco ni en Vitoria, ni en Maeztu ni en las tierras de La Rioja norteña)10, de donde las varias huelgas generales desencadenadas en Vitoria, las numerosas detenciones bajo acusaciones de desórdenes públicos, coacciones, sabotajes, asaltos económicos y posesión de armas y explosivos (famosas las del Campo de los Palacios en abril de 1932, la detención del comité de huelga metalúrgico tras la muerte de un sereno en choque con sindicalistas el 15 de febrero de 1932), las largas

Recorte de La Libertad del 16 de febrero de 1932

Noticia de la clausura del Sindicato Único.
Recorte de La Libertad del 16 de febrero de 1932

temporadas de clausura del local sindical, la no menos innegable persecución de sus afiliados por parte de las instituciones, incluido el ayuntamiento (expulsión de las obras municipales de los afiliados de CNT) y de los empresarios (la sección de camareros deja la CNT en octubre de 1933).

Es fácil criticar a la CNT, sobre todo ahora. En los últimos tiempos estamos asistiendo a una oleada de comentarios y estudios académicos empeñados en destacar el republicanismo de la CNT en tiempos pretéritos y en convertir a algunos notorios anarquistas, en republicanos de pro. Hay quien atribuye este maremágnum a una sibilina campaña del PSOE, empeñado en que se identifique todo el izquierdismo de los años treinta con republicanismo y hacer del PSOE de hoy, único heredero de ese izquierdismo y ese republicanismo. Como ciertamente no faltan descendientes genéticos de algunos ilustres anarquistas que se han enrolado en las filas socialistas y han alcanzado cargos de relumbrón (ministerios belicosos incluidos), los interesados en digerir el bocadillo no escasean.

Pero yendo al grano ¿ha sido el movimiento anarquista republicano? No nos duelen prendas: lo ha sido en la práctica siempre. Lo que no ha sido nunca es republicanismo electoral y parlamentario, lo que no ha sido nunca es republicano de partido.

Los que no han sido casi nunca republicanos son los que se decían republicanos. Ese es el problema.

El movimiento libertario se hubiera sentido bastante a gusto con un republicanismo estilo Barriobero, republicanismo federal con conciencia social. Eran la mayoría de los denominados republicanos los que no querían el republicanismo barrioberista.

Desde que el bakuninismo penetró en nuestras tierras y fundido con el obrerismo se convirtió en FRE (Federación de la Región Española) fijó su alternativa política: “república federal democrática” y para que no hubiera confusión en la Conferencia de Valencia de septiembre de 1871 definió la expresión como “propiedad colectiva, anarquía y federación económica”. Entonces existía una potente facción republicana federal insurreccional y una parte dio por buena esa interpretación y se enroló en el anarquismo; otra parte, no…y no lo hizo porque discrepaba de la propiedad colectiva…eran republicanos federales burgueses y el insurreccionalismo les hacía temblar tanto como a los monárquicos. Pero está claro que incluso con estos últimos republicanos existió siempre una cierta connivencia porque coincidían en algunos objetivos: rechazo del caciquismo, rechazo del militarismo, rechazo del poder ecesiástico, rechazo de la monarquía.

Treinta años más tarde en el último número de La Dinamita dirigido por Blázquez de Pedro, diciembre de 1903, se inserta un texto en el que el autor se declara anarquista. Dice que antes aún que anarquista es republicano porque al igual que para alcanzar la madurez hay que pasar por la adolescencia para llegar a la anarquía hay que pasar por la república. Con ello quería decir que para alcanzar la anarquía, antes había que acabar con el poder eclesiástico, con el caciquismo y con el militarismo.

Cuando en 1931 se proclama la II República el movimiento libertario, tanto la CNT como la FAI, no se mostraron en desacuerdo con la misma. Quieras que no significaba que la odiada monarquía, la que, entre otras cosas, llevaba cuarenta años mandando a los

Recorte de la portada de Solidaridad Obrera 14 de abril de 1931

Triunfo de los republicanos.
Recorte de la portada de Solidaridad Obrera del 14 de abril de 1931

obreros a combatir en Cuba, Filipinas y África, se había derrumbado.

Si analizamos con más detalle cuál fue la postura de los anarquistas y confederales ante la implantación del nuevo régimen en 1931, observamos varias maneras distintas de valorarlo.

Por un lado, cierto número de ellos consideraron que el nombre de república era suficiente para sumarse a ella. Echaron por la borda los principios apolíticos y se afiliaron a determinados partidos (de modo relevante a la finalmente denominada Izquierda Republicana). Sería el caso de Salvador Quemades, por ejemplo.

Por otro lado, cierto número trató de conciliar el republicanismo con el sindicalismo revolucionario. Sería el caso de Ángel Pestaña y su Partido Sindicalista.

Por otro lado aún, cierto número llevaron más lejos esa conciliación: sin dejar de abandonar sus creencias anarquistas, entendieron que las circunstancias (sobre todo el entusiasmo popular por la recién nacida, pero también otros motivos: impedir el triunfo derechista en ayuntamientos, no dejarse avasallar por UGT o algunos grupúsculos marxistas) obligaban a “participar” en las elecciones municipales…eso explicaría los varios cientos de concejales y alcaldes alcanzados en candidaturas independientes, candidaturas sindicales, candidaturas populares e incluso ubicados en las listas de algún partido republicano.

Es un detalle el anterior en el que conviene detenerse brevemente. En más de un lugar, por extraño que pueda parecer con la perspectiva actual, había agrupaciones locales de partidos que en realidad estaban controladas por el sindicalismo libertario. Estamos acostumbrados a hablar de entrismo partidista para controlar un sindicato, pero en los años republicanos (guerra incluida) también ocurrió lo contrario: existieron agrupaciones de partido que en realidad seguían las pautas marcadas por el sindicato local de la CNT e incluso habían sido creadas por la CNT. Eso sí, ninguna candidatura se denominó literalmente FAI o CNT. Las apariencias de pureza se mantuvieron.

Ángel Pestaña en 1931

Ángel Pestaña durante un mitin en Zaragoza en 1931

La participación se dio en no pocos municipios de Andalucía, Galicia, norte de Aragón, Burgos, Gerona, Extremadura, etc. Y se afinó mucho en cuanto a coherencia y democracia directa, encontrándose soluciones ciertamente peculiares e imaginativas: a) discutir los órdenes del día de los ayuntamientos en las asambleas del sindicato, entendiéndose que los concejales venían a ser más o menos como las secretarías de las juntas sindicales, b) declarar los ayuntamientos, concejos abiertos, o sea, tomar los acuerdos por parte de los vecinos asambleariamente. Está claro que la derechización progresiva de la República, dificultó esas soluciones. Añadamos que la presencia de muchos confederales en Izquierda Republicana y similares extremó las tesis de esos partidos que sobre todo en muchos pueblos se nutría mayoritariamente de cenetistas. En tierras alavesas no fueron pocos (en determinados pueblo más que en la capital) los que militaron al mismo tiempo en CNT e IR y en principio no significa que lo segundo fuera más relevante que lo primero.

No negaremos que parte importante se mostró reticente hacia la Republica y tal vez por eso se suele echar la culpa al extremismo anarquista del cuesta abajo de la república: no la dejaron desarrollarse, se dice. No fue realmente así. Hasta los más faístas en mítines de 1931 sin declararse específicamente republicanos, aseguraban que la defenderían ante un ataque de la reacción y se opondrían a cualquier movimiento secesionista territorial insolidario (se pensaba básicamente en los catalanistas) con la declaración de la huelga general revolucionaria. Con lo que no comulgaban es con que el cambio se limitara a sustituir un rey por un presidente de la república, la rojigualda por la tricolor. ¿Por qué no podían interpretar “república” como venían haciéndolo desde hacía sesenta años, desde la Conferencia de Valencia? O sea, que la res publica, la cosa pública, era efectivamente cosa de todos.

Con seguridad las palabras pronunciadas treinta años atrás en La Dinamita no se rechazaban. Lo lamentable es que día a día se comprobaba que la niña (la república) que había de convertirse en adulta (la anarquía) no lo lograría nunca porque estaba afectada de enanismo congénito. Y la oronda dama que representaba a la república, adiposa ella, rebosaba de grasa, no de músculo. Ese fue el problema. Los republicanos además de no ser muchos, tampoco destacaban por su sensibilidad social. Temían más al poder popular que al poder de la derecha y no eran capaces de controlar ni a uno ni a otro. Tibios y palabreros, gentes de parlamento y ayuntamiento, gentes que todo lo confiaban a diputados y concejales.

Se podría terminar afirmando que o bien los únicos republicanos verdaderos eran los anarquistas o bien que los anarquistas no eran republicanos al uso. La disyuntiva, bien mirada, no existe. En verdad la única república verdadera era la de los anarquistas. El único concepto verdadero de república es el anarquista y con su decadencia se ha perdido el significado profundo de la palabra. Sólo una reaparición vigorosa de la ideología libertaria, hará posible que se pueda hablar verdaderamente de respublica, de república. De contenidos, no de apariencias. Cuidado, pues, con toda esa canalla que ha decidido ahora (tras permanecer treinta años silenciosa cuando no adicta al botafumeiro) que el rey no les sirve, que el rey y su cuadrilla roban, que el rey se refocila con amantes, que les mola la

Primer aniversario de la República en Vitoria 1932

Mujeres alavesas en Vitoria durante el primer aniversario de la República en 1932

república.

Como dijera el compañero Peñalver dos veces trajo el movimiento libertario a España la república, dos veces se la dejaron arrebatar los que decíanse republicanos porque en realidad no lo eran.

No se trata de que en vez de rey tengamos presidente de la república.
Dos corbatas demasiado caras.
La respublica-república exige traje completo nuevo.

(continuará)

Miguel Íñiguez y Juan Gómez Perín


1 Con estos gobernadores civiles tuvo que lidiar la CNT. Se indica la fecha de su nombramiento.
Gabriel Martínez de Aragón Urbistondo, 19-4-1931.
José María Amilibia Machimbarrena, 30-12-1931.
Fernando Solazábal Narbaiza, 4-10-1932.
Rufino García Larrache, 9-12-1932.
Mariano Campos Torregrosa, 29-8-1933.
José Castelló Soler, 14-9-1933.
Pedro García Dorado, 10-11-1933.
Emilio Novoa González, 22-12-1933.
José Bermúdez de Castro, 28-5-1934.
Alberto Insúa, 27-11-1935.
Luis Angulo Luis, 1-1-1936.
Emilio Francés Ortiz de Elguea, 22-2-1936.
Ramón Navarro Vives, 15-3-1936.
(Joan Serrallonga, El aparato provincial durante la Segunda República. Los gobernadores civiles, 1931-1939. Hipania Nova, 7 (2007), anexo.

2 La Libertad, 18-4-1931.
El seis de junio, según anuncia La Libertad de 5-6-1931, conferencia de Orille, secretario del Sindicato Único, sobre “Importancia en la lucha de los Sindicatos de Industria“.

3 Que por otro lado no hemos podido confirmar con precisión. Damos por supuesto que Orille, Puente, Sarrate y otros muchos eran anarquistas, pero desconocemos el nombre de los grupos a que pudieran pertenecer. Tan sólo sabemos de la existencia de una Federación Local de Grupos Anarquistas y del grupo Espartaco en 1936.

4 La Libertad, 8-5-1931 dice que hoy habrá huelga en Ajuria porque así se acordó ayer en el Sindicato Único.

5 La Libertad, 6-5-1931 relata una reunión de la empresa saquera de Juan Bauitsta Alfaro (“La Carmela”) entre la comisión del Sindicato Único, la patronal y casi todas las trabajadora cara a lograr mejoras salariales y sociales en la que se vio una posible solución al conflicto en la aceptación de un salario mínimo en los destajos, que se concretaría en una próxima reunión en la sede del sindicato confederal. En el ejemplar de 13-6-1931, aclaraciones de Orille sobre la situación en la fábrica de tejidos de yute y saquerío del señor Alfaro.

6 Las noticias sobre la presencia del SU en empresas concretas son numerosas: Juan Bautista Alfaro (La Carmela), Ariza (según La Libertad, 18-11-1931, los trabajadores rechazan los comités paritarios), Armentia y Corres (La Libertad, 20-10-1931), La Metalúrgica-Ajuria, Sierras Alavesas, etc.

7 En Solidaridad Obrera, 13-8-1932, firmada por su Corresponsal se lee que el 29 de julio se celebró una asamblea muy numerosa de los obreros ferroviarios de Norte y Anglovasconavarro para constituir la subsección ferroviaria de la FNI Ferroviaria. Se trataron tres puntos: lectura y aprobación de estatutos, nombramiento de cargos y asuntos varios. En varios se acordó denunciar en la Soli y La Tierra la pretensión de desplazar a unos trabajadores de la estación de La Peñuela por su repulsa al jefe de estación (un tirano, del que se pide la dimisión). A su final, Orille expuso la necesidad de ingresar en CNT, sugerencia aprobada con subido entusiasmo.

8 El Libertario de Madrid, 19-12-1931.

9 Existe otra realidad de la que se ha hablado poco, porque se sabe poco: se contaba con una Federación Local y también con una Federación Comarcal. Y con bastante probabilidad no se computan los afiliados de la Comarcal, o sea, de pueblos como Maeztu.

10 La CNT vitoriana funcionó asambleariamente (son numerosas las noticias en la prensa local referidas a celebración de asambleas en la sede confederal. Por ejemplo en La Libertad, 12-6-1931, el secretario Orille convoca al ramo del hierro para dar respuesta a una propuesta de UGT tendente a actuar conjuntamente en reivindicaciones del ramo. En el mismo diario, 19-10-1931, convocatoria de asamblea metalúrgica en el cine Ideal para tomar acuerdos sobre la necesidad de acabar con el trabajo a prima, supresión de días festivos entre semana y definición económica y social del proletariado metalúrgico. En La Libertad, 24-10-1931, referencia a la asamblea del ramo de la construcción.

Días de Memoria:
21 de enero de 1894 NACIMIENTO DE ALFREDO DONNAY GÓMEZ

Alfredo Donnay

Alfredo Donnay Gómez

El 21 de enero de 1894 nacía en Vitoria Alfredo Donnay Gómez. Murió en su ciudad natal bien cumplidos los noventa el uno de marzo de 1986. Longevo, ciertamente, no sabemos si porque la vida festiva y musical alarga la vida o porque fue persona con conciencia social desarrollada y eso tranquiliza el espíritu y vivifica el cuerpo. Salvo que se trate de coincidencia de nombre y apellidos, con doce años ejerció de vocal de la Agrupación Obrera Republicana de Vitoria, lo que significa que el niño venía con inquietudes. El joven Alfredo con 16 años tomó el camino argentino donde residía una hermana. Fueron dos años en Buenos Aires y Pingüe en los que adquirió conciencia social y reivindicativa. Retornado a Vitoria en 1913, trabajó de ebanista y abrillantador de muebles y, con las antenas bien orientadas, se movió en los ambientes más avanzados y progresistas de una ciudad con fama de clerical y castrense, que es como decir que se sintió a gusto en los ambientes anarquistas y no menos en los musicales (en 1917 miembro de la charanga Los Gitanos). En ambos iba a destacar.

Su tarea como músico es harto conocida: sin duda el padre de la música vitoriana y alavesa más popular, autor de innumerables piezas (letras y música) que se fueron recogiendo en varios libros: Canciones, Canciones de Alfredo Donnay, Juegos infantiles, Mis canciones, Nuevas canciones vitorianas, Nuevas y viejas canciones alavesas, Selección de canciones y Senderos de ilusión. Tal vez muchos no lo sepan pero el himno del Deportivo Alavés le pertenece, esa historia del “Bravo equipo albiazul…”. En sus últimos años recibió múltiples homenajes y en vida una calle de Vitoria tomó su nombre.

La otra faceta, la de concienciado trabajador yace en el olvido, y nos compete a nosotros rescatarla. Fue uno de los militantes más sólidos del anarquismo y de la CNT de Vitoria. Y no de los que llegan cuando ya el carro se desliza vigorosamente, sino cuando ni siquiera existe carro y hay que comprar los bueyes. Desde su llegada de Argentina se batió el cobre al lado de Galo Díez, Juan Aranguren, Juan Murga y otros contra lo que llamaban las “adormideras”, o sea, los obreros abotargados por el socialismo, la clerecía y el nacionalismo. Se lo batió bien, primero hasta lograr constituir una Sociedad Obrera de Resistencia (La Fraternal) recia y sin complejos en las protestas por la subida del pan (asalto de las tahonas en 1915), y paralelamente integrado en el grupo anarquista Los Conscientes (compuesto por Cosme Aranguren, Alberto Prestamero, Jesús Eseverri, Manuel Zavala, Juan Murga, León Jiménez, Isauro Hidalgo, Martín Ibáñez, Vicente Navarro, Indalecio Díaz y Juan Aranguren), padre y madre de todo cuanto en pro del ideal emancipador se forjó en nuestra ciudad. Y segundo, consiguiendo fundar y fortificar la CNT, no en vano, lo dicen los papeles, figura entre los refundadores en la fecha de 1-3-1920. En la Confederación destacó como poderoso militante en el Sindicato de La Madera y aún más como propagandista: por un lado, corresponsal de la prensa libertaria, encargado de difundir lo que proponía y hacía la entidad anarcosindicalista, por otro, poeta, autor de poemas revolucionarios profundos, sonoros y sinceros en defensa del anarquismo y de su solución social. Muestra de sus sentimientos y querencias son los poemas publicados en Solidaridad Obrera de Bilbao en 1920, de modo especial su serie “Lacras sociales”.

Documentos Históricos:
TRINCHERAS EN EL MONTE JARINDO
Aproximadamente 1945

Trincheras en el monte Jarindo

Trincheras en el monte Jarindo (Álava)


Red de trincheras en las cercanías de la cima del monte Jarindo (Álava). Como se puede observar en la fotografía, durante la Guerra Civil todo el monte se mantuvo sin árboles, para facilitar la visión y, de esta manera, la defensa de las posiciones.

Durante los primeros meses de la contienda, hasta la Batalla de Villarreal en Noviembre de 1936, estas trincheras estuvieron ocupadas por los milicianos del Batallón Isaac Puente de la CNT.

Entre el 31 de marzo y el 1 de abril de 1937, estas trincheras fueron definitivamente desalojadas mediante durísimos ataques y bombardeos franquistas.


Fotografía en: http://www.guregipuzkoa.net

Días de Memoria:
14 de junio de 1905
NACIMIENTO DE JOAQUÍN LUCARINI MACAZAGA

Joaquín Lucarini

Joaquín Lucarini Macazaga

El 14 de junio de 1905 nace en la localidad alavesa de Fontecha-Puntelarrá-Lantarón, en el seno de una familia de creencias y prácticas anarquistas Joaquín Lucarini Macazaga. Tanto su padre (Ángel, escultor italiano) como sus hermanos (Alberto, Amador y Liberto) fueron reconocidos cultivadores del esperantismo y del naturismo y activistas del anarquismo y de la CNT en tierras norteñas.

Mayor de cuatro hermanos, se trasladó de Vitoria a Bilbao para estudiar en la Escuela de Bellas Artes con Larrea y Basterra en la que como dibujante y escultor fue repetidamente premiado.

Expone en 1925 y 1928 (Bilbao y Vitoria) con mucho éxito y sobresale como realista (El hombre, Ángel tocando la alboca, Cristo en la cruz, Cupido, Ángel músico). Pensionado por la diputación de Álava (1929), marcha a Francia (se elogia su Enfant anormal) donde es alumno de Ponchon (curso superior de dibujo aplicado al arte y a la industria) y en su estudio de Bilbao concluye obras (Busto de Doña Carolina MacMahon, Mi hermano Florencio, Otoño) en las que ya se vislumbra su calidad artística.

En 1930 recorre Bélgica, en 1931 Italia, y en 1932 se le premia en Madrid. En años sucesivos gana concursos y esculpe y cincela en San Sebastián, Vitoria (1935, las dos matronas de la fachada de la caja de ahorros) y Bermeo.

Expone durante la guerra en París, Londres, Moscú, Buenos Aires y México. A diferencia de sus hermanos no padeció la represión franquista, posiblemente por sus largas estadías fuera del país y porque, aun siendo anarquista de sólida formación, su categoría artística tempranamente reconocida le impidió militar en las organizaciones con la intensidad de sus hermanos.

En la posguerra adquirió mucha nombradía por sus esculturas religiosas y de carácter épico repartidas por todo el País Vasco (Basauri, Deusto, Bilbao, San Sebastián, Leza, Santurce, Guernica, San Juan de Gaztelugache), La Rioja (Logroño, Huércanos) y especialmente Burgos, ciudad en la que pasaba largas temporadas y en la que falleció el 21 de septiembre de 1969.

En 1959 se celebró una exposición antológica de su obra en Vitoria. En la revista anarquista Horizontes se publicaron reproducciones de sus esculturas como también en El Pájaro Azul de Vitoria (1928). Entre sus obras: Isidoro Walls (1927), El hambre (1928), Relieves del Club Deportivo de Bilbao (1929), Del 14 al 18 (1930), La victoria de la Música (1932), Leyendo (1932), Boxeador (1932), Lanzador de peso (1932), Verso la parte dove si leva il sole (1932), Alegoría de la Justicia (1935), Héroes del Alcázar de Toledo (1939), El Tigre (1943) (auténtico símbolo de Bilbao), San Roque (1947), Ceres y Mercurio (1949), Monumento a Sancho el Sabio (1950), San Pedro (1951), Ciclo cidiano (1953-1955, El Obispo don Jerónimo, Doña Jimena, Martín Antolínez, Álvar Fáñez y otras en Burgos), Sagrado Corazón de María (1956, situada en el monte Urgull), Alegoría del Ahorro y los campesinos (1959, en Logroño), Hernán Cortés (1959), Sagrada Familia (1959), San Pedro Apóstol (1961), Homenaje a Fleming (1962), Fortaleza y Templanza (1962), Virgen de Begoña (1963) y La Sardinera (1964).

Entradas más antiguas «