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LAS HUELGAS DE LA REPÚBLICA. DE ABRIL A NOVIEMBRE DE 1931 (segunda parte)

Solidaridad Obrera 14-11-1931

En noviembre se acumulan las noticias tanto en los periódicos de empresa como en la prensa propia. Los artículos de Solidaridad Obrera[1] son especialmente significativos para conocer lo que los confederales pensaban, cuáles sus inquietudes, cuál su modo de actuar, por qué se comportaban así y de qué modo se movilizaban los trabajadores, y corren generalmente a cuenta de Daniel Orille.

Son escritos muy reveladores para conocer lo que pretendía fundamentalmente la CNT: como objetivo último la revolución, como fines a corto plazo: terminar con los abusos de clero y reaccionarios, dotar a cada trabajador de un puesto de trabajo (es subrayable que el Sindicato Único no está por la limosna, ni por el subsidio, está por el trabajo porque como se decía en sus asambleas: tenemos brazos para trabajar), exigir que sus maneras sindicales se reconocieran (la acción directa) de donde su rechazo frontal a los comités paritarios sostenidos por la UGT y las otras fuerzas sindicales.

Escribe Orille que los trabajadores se reúnen y solicitan unas bases centradas en el aumento de jornal, si lo logran se desentienden del sindicato, si el patrón se muestra reacio se afilian al sindicato y delegan en el mismo. Orille que no era un sindicalista a secas entiende que la postura de los afectados debe modificarse absolutamente: deben moverse porque de lo que se trata es de preparar la revolución, nuestra revolución, la del pueblo y para el pueblo, no simplemente de llenar el estómago[2]. Reconoce que la CNT declara muchos conflictos contra los deseos de las autoridades, pero entiende que siempre alega razones de peso y que el poder republicano en muchas ocasiones sigue directrices de la época dictatorial. Lo ilustra con lo sucedido en el Hospital Civil: por un lado el enfermero Luis Illera trata de que se organice el gremio para mejorar sus condiciones de trabajo con este resultado: sancionado por no arrodillarse ante una imagen de Cristo, y por último despedido[3], por otro lado expone la protesta de un grupo de enfermeros a los que se descuenta de sus magros sueldos, una parte para el servicio de previsión a la maternidad, que en realidad, se dedica a mantener a la antigua burocracia[4].

En otro terreno el Gobernador está empeñado en imponer los comités paritarios y exigir los nombre de las Juntas y hasta las listas de afiliados. Sobrevaloraba sus fuerzas, también las de la UGT y minusvaloraba lo que exponía Orille[5] en el vocero confederal: el Gobernador pretende que traguemos los comités paritarios, la CNT no lo hará porque sería hacer dejación de sus principios.

El paro era la principal preocupación de la CNT y para combatirlo estaba dispuesta a utilizar toda su fuerza. Los sindicatos reformistas y sumisos a la patronal (siempre deudoras del paternalismo, de la caridad y la subvención) interpretaban la firmeza de la CNT como una amenaza física y de acuerdo con las autoridades denunciaban el uso de la coacción y se agarraban a la famosa libertad de trabajo. Pasaban del principio de la solidaridad. Es obvio que cuando se convoca una huelga, se pretende que todos los que se van a beneficiar de ella (ninguno cuando se consigue un beneficio pide renunciar al mismo) la secunden, pero ya es sabido que la solidaridad, el apoyo mutuo no está en todas las cabezas y siempre hay quien espera que la manzana caída del árbol, porque otros lo han movido, vaya a esconderse en su mano. No piensan en los parados, ni en los más explotados. La CNT, sí. Que en ocasiones se coaccionaba, sin duda. También sin duda coaccionaba el empresario y más aún la autoridad política que encarcelaba gubernativamente (o sea a su antojo) a todos los que no se arrodillaban, abría y cerraba las sedes del sindicato a su albur y multaba por esto y por aquello.

La CNT vitoriana en este terreno se planteaba la solución del problema en dos direcciones: por un lado el Comité de la CNT[6] abogaba

Solidaridad Obrera 26-11-1931

por emplear medidas más eficaces para alcanzar la jornada de seis horas (aprobada en el congreso de la AIT), única manera real de acabar con el paro. Por otro Orille[7], aplicándolo a un conflicto con el ayuntamiento, recordaba que el Sindicato Único tenía el acuerdo para acabar con la actual crisis d
e trabajo de repartirlo: si en un taller, obra o tajo hay despidos por falta de trabajo, los tales no se produzcan y los demás rebajen su jornada incluso hasta cuatro días. Orille señala que el caso de despido se dio (afectó a ocho personas) y la alternativa del Sindicato Único se aplicó, pero llegó la policía, condujo al grupo a la comisaria, se les interrogó: uno aceptó no volver al tajo y quedó libre, los otros siete insistieron en volver y quedaron encarcelados. Planteada la amenaza de huelga, fueron liberados.

Curiosamente la UGT se subía a las nubes y acusaba a la CNT de quitar dinero a los trabajadores en vez de al burgués. Veía mal que entre los trabajadores se diera la verdadera solidaridad. La UGT que se había pasado toda la Dictadura acunada por el dictador, ahora salía, de boquilla, dispuesta a golpear a la burguesía. En realidad ni acosaban al burgués ni defendían al obrero y, salvo excepciones puntuales, el periodo republicano lo pasó practicando el esquirolaje, forzado por su dependencia de los políticos socialistas.

Así estaban las cosas al acabar noviembre: una CNT dispuesto a defender su esencia y los derechos de los obreros, un Gobernador dispuesto a imponer su autoridad, pero con algún escrupulillo quizás recordando que la proclamación de la República que le había proporcionado su cargo de Gobernador tal vez no se hubiera producido sin el empuje de estos que ahora se mostraban díscolos.

Entre junio y noviembre el Libro registro de detenidos y procesados de la cárcel de Vitoria nos cuenta que por ella pasaron (presos gubernativos,  acusados de sedición, de atentados, de desórdenes públicos…) un buen número de inquietos: Pedro Ignacio Aizpuru, Saturnino Allende Sancho, Francisco Apellániz Sagastuy, Juan Bautista Apilánez Mato, José Apodaca Palacios, José Campos González, Antonio Cantarino Bengoechea, Casimiro Cerrajería Larraiz , José Concha Sáez , Cipriano Díaz de Espada González de Mendívil, Manuel Espinosa, Gregorio Fernández Peñafiel, Juan Gutiérrez Barajas, Exuperio Hernández Pérez, Eduardo Irigoyen, Ricardo Lafuente Álava, Manuel Leguina Maza, Dionisio López Fernández, Antonio Luján Argote, José Manzanares Calvo, Sixto Ochoa Molet, Esteban Oliveros Fernández, Félix Pérez Peñarroya, Hermenegildo Pérez Peñarroya, Sebastián Pérez Peñarroya, Ruperto Rioja Fernández, Rafael San Pedro Murguía, Fructuoso Urraca y José Viribay Bañares.


 

[1] Solidaridad Obrera, 14-11-1931, 17-11-1931, 18-11-1931, 25-11-1931, 26-11-1932, 3 -12-1931.

 

2 Solidaridad Obrera, 14-11-1931.

 

3 Solidaridad Obrera, 17-11-1931.

 

4 Solidaridad Obrera, 18-11-1931.

 

5 Solidaridad Obrera, 25-11-1931.

 

6 Solidaridad Obrera, 26-11-1931.

 

7 Solidaridad Obrera, 26-11-1931.