La Historia. LA DECEMBRINA. INSURRECCIÓN ANARQUISTA DE 8 DE DICIEMBRE DE 1933

Recorte La Vanguardia 10-12-1933

Recorte La Vanguardia, 10 de diciembre de 1933

En las elecciones de 19 de noviembre y 3 de diciembre de 1933 si en el conjunto de España ganó la derecha en Álava no fue menos: los tradicionalistas de Oriol sacaron más votos que el resto de los partidos en el conjunto de Álava y casi tantos como el resto en Vitoria. Un Pleno Nacional (Madrid, 30 de octubre-3 de noviembre de 1933) había acordado ir a la revolución social si triunfaban las tendencias fascistas («Frente a las urnas, Revolución Social») y si una Regional iniciaba el movimiento, todas las demás debían secundarla. La CNT desarrolló una campaña furiosamente antipolítica, la Soli proclamaba: “Buitres, rojo y amarillo, y buitres tricolores. Todos buitres. Todos, aves de rapiña. Todos, canalla inmunda que el pueblo productor barrerá con la escoba de la revolución”.

Lo cierto es que la victoria de la derecha no acarreó ni el triunfo determinante del fascismo ni el levantamiento popular. Cada día que pasaba disminuía el ardor revolucionario y sumaba tiempo el gobierno para reaccionar. En esta encrucijada el Comité Nacional convocó un nuevo Pleno Nacional de Regionales (Madrid, 26 de noviembre de 1933) donde, con reticencias de algunas regionales, se solicitó la constitución de un Comité Revolucionario que integraron Durruti, Mera, García Chacón, Casado, Ojeda, Moisés y Jesús Alcrudo, Ejarque, Felipe Orquín, Ramón Andrés y nuestro Isaac Puente.

La insurrección se inició el ocho de diciembre, la huelga general se extendió por 34 provincias durante una semana y alcanzó especial relevancia en el valle del Ebro. El eco de la sublevación en nuestra provincia fue desigual1, con epicentro en Labastida y ramalazos en Vitoria. El alcance en Labastida ni fue casual ni propio de desesperados o recién llegados desconocedores de la realidad. La CNT en La Rioja contaba con larga tradición a ambos lados del río Ebro2 y, según está constatado por fuentes orales, adscrita no a las tesis sindicalistas sino a las más radicales del comunismo libertario. En La Rioja, se ha dicho, no se luchaba por mejorar el salario, sino por la revolución social colectivista. Por otro lado la influencia faísta era notable y venía más que de la capital alavesa de la otra parte del Ebro (de hecho parece que si bien en cuanto CNT su ligazón con Vitoria parece innegable, la comarca sureña desde el punto de vista de FAI formaba un todo con el resto de La Rioja y el hecho mismo que Labastida respondiera a la insurrección del Ebro lo confirma). También digno de reseñar es que en La Rioja muchos de sus afiliados, frente al tópico, eran labradores de mediano pasar, con tierras propias, y no simples braceros o peones agrícolas.3 El componente moral, vital y antiautoritario tenía, para los más concienciados, un valor indudablemente, no menos reseñable que el económico.

En la noche del 8 de diciembre, madrugada del 9, en Labastida, como en otras muchas localidades colindantes de La Rioja (San Vicente de la Sonsierra, Briones, San Asensio, Haro, Ábalos…) los insurrectos salieron en armas a las calles. La llamada vino de La Rioja, no de Vitoria, y el encargado de recibirla era Sixto Barrón. Fue la mañana de ese día 8, cuando Sixto Barrón, recibió la visita de Fausto Villamor, quien le comunicó el plan que se estaba preparando. Barrón, con objeto de cerciorarse de la noticia y conocer los detalles, salió esa misma tarde hacia Haro, Briones y San Asensio, en cuyos sindicatos le confirmaron que la insurrección comenzaría aquella misma noche. Ante estas noticias, Barrón convocó una asamblea en el local del sindicato del pueblo (en aquel tiempo contaba con unos sesenta miembros y asistieron aproximadamente la mitad), que acordó enviar a dos afiliados (Ángel Manzanos y José Gil) a Vitoria para conocer más sobre lo que se preparaba y decidir o no sumarse al movimiento revolucionario, pero a su vuelta, al cabo de unas horas, comunicaron que la CNT de Vitoria no conocía los pormenores de lo que se tramaba. Tal incertidumbre dispuso a algunos a no participar en la huelga general revolucionaria (caso del presidente Luis Gil y Honorato Amurrio) pero triunfó la opinión de Sixto Barrón y Daniel Quintana resueltos a “implantar el comunismo libertario, abolir la propiedad y eliminar el dinero”. Hacia las dos de la madrugada del 9 de diciembre se oyó la señal convenida por Barrón con los cenetistas de Haro, el estallido de una bomba, para dar comienzo al levantamiento. Se echaron a la calle una veintena de activistas armados de escopetas de caza, pistolas y explosivos, creció su número (al sumarse afiliados ausentes de la asamblea y algunos republicanos) y divididos en grupos con objetivos distribuidos recorrieron el pueblo, exigieron la entrega de su armamento a los vecinos que las poseían (la mayoría las entregaron sin protesta, pero algunos se negaron como el alcalde Luis Martínez y varios carlistas, lo que provocó alguna tensión de índole menor), asaltaron el ayuntamiento al negarse el aguacil a entregarles las llaves y sacaron numerosos documentos a la calle (entre ellos los relativos a las fincas de la localidad y el registro de la propiedad) y los quemaron como acto simbólico para proclamar la abolición de la propiedad, prohibieron la venta de productos al comercio de Anselmo Quintana (primer paso “para eliminar el dinero”) pidieron al panadero Rufino Barrón que amasara pan para toda la comunidad y atacaron el cuartelillo de la guardia civil con la que se entabló una refriega en cuyo transcurso un número y el sargento del puesto resultaron heridos (el sargento Nicolás López, el guardia Pedro Garrido, que murió al poco) al igual que el concejal carlista Alejandro Amurrio. La telefonista del pueblo consiguió comunicarse con el comandante de la Guardia Civil de Haro, donde guardias de asalto, procedentes de Vitoria, habían controlado allí otra revuelta, y los guardias se dirigieron hacia Labastida, se cruzaron algunos disparos y finalmente la mayoría de los revolucionarios huyeron hacia los montes próximos. A las ocho de la mañana la insurrección había terminado. A las bajas de la guardia civil se sumaron las de algunos huidos hacia Peñacerrada (muerte a tiros del anarcosindicalista Celestino Monje y dos heridos graves). Sonó la hora de las detenciones, los ajustes de cuentas y los procesos.

Procesados de Labastida por los sucesos de 1933

Procesados de Labastida.
Arriba, de izquierda a derecha: Pablo Fernández Varela, Félix Manzanos García, Luis Gil Sáez, Pablo Caño Sáez, Benito Pabón (abogado defensor), Pablo Arroyo García. Abajo, de izquierda a derecha: Esteban Manzanos García, Tomás Corcuera Cámara, Antonio Barrón Martínez, León Quintana Pérez y Paulino Quintana Pérez. (Foto hecha durante el juicio).

Los juicios del tribunal de urgencia de Vitoria iniciados a fines de mes alcanzaron a 32 procesados de Labastida4. El juicio fue cubierto extensamente por la prensa (especialmente por Pensamiento Alavés y La Vanguardia). El fiscal y los defensores estuvieron en su papel, desfilaron unos sesenta testigos y tras cuatro horas de deliberación el tribunal dictó sentencia. Se condenó a Eugenio Ayuso, Ángel Barrón, Apolinar Estefanía, Jesús Arroyo, José Antonio Barrón, Paulino Quintana, Pablo Fernández, Pablo Arroyo, Félix Manzanos, Ponciano Quintana, Máximo Rodríguez, Laureano Quintana, Luis Gil Sáenz, Joaquín Amurrio, Honorato Amurrio, Isidro Quintana, Heliodoro Martínez, Nicanor Quintana, Honorato Pesos, Formerio Amurrio, Pablo Caño, Ángel Manzanos, Esteban Manzanos, León Quintana, Félix Pesos y Félix Martínez a doce años de prisión mayor por el delito contra la forma de gobierno. Se absolvió a Félix Pesos, Félix Martínez y León Quintana del delito de atentado por medio de explosivos, y a Daniel Martínez, Rafael Martínez Montoya, Nicolás Ortego, Vicente Ortego y José Rodríguez García de los delitos de incendio y coacción, pero quedaban a disposición de las autoridades gubernativas. A Tomás Corcuera, considerando su minoría de edad, se le condenó por el delito de atentado contra la forma de gobierno, a cuatro años, doce meses y 21 días de prisión menor. Además todos ellos, mancomunada y solidariamente, debían satisfacer diversas indemnizaciones al Ayuntamiento de Labastida, a la Diputación de Álava y a varios vecinos por los daños causados. En marzo5 otra sentencia del tribunal de urgencia aumenta el número de damnificados: condenando a Estanislao Barredo Ruiz y Serapio Vadillo a doce años de prisión mayor por ir contra la forma de gobierno, y por igual delito, con la atenuante de ser menor de 18 años, a José Gil Cámara, a cuatro años, dos meses y 21 días de prisión menor.

Así estaban las cosas cuando la justicia militar tomó a su cargo los sucesos de Labastida y en julio de 1934 en consejo de guerra condenó a diez de los implicados a penas que oscilaban entre dos y veintidós años de prisión: a Pablo Caño a 22, a Antonio Barrón, Félix Manzanos, Pablo Fernández, León Quintana, Luis Gil, Esteban Manzanos y Pablo Arroyo a doce, a Paulino Quintana a cinco y a Tomás Corcuera a dos. Le pareció poco al fiscal del supremo, que impugnó el fallo del consejo de guerra y en marzo de 1935 pidió para todos los procesados, absueltos incluidos, la pena de muerte. En abril se dictó sentencia: Pablo Caño, Félix Manzanos, Pablo Fernández, León Quintana y Tomás Corcuera (además detenido al poco Sixto Barrón, también fue condenado a la última pena) fueron condenados a muerte. La amnistía de febrero de 1936 les libró de males mayores.

Francisco Basterra

Francisco Basterra

En Vitoria el día diez estallaron dos bombas, fueron detenidos Leocadio Mesanza6 y Juan Cruz Vázquez con mechas y detonantes y se clausuró la CNT (así permanecerá hasta mayo de 1934), el día 11 CNT declaró la huelga general cuando ya el movimiento declinaba, con relativo éxito, se sucedieron las detenciones, la policía persiguió a los piquetes y murió tiroteado el cenetista Francisco Basterra, y una vez más UGT, Católicos y especialmente STV, se mostraron colaboradores con el orden republicano . El periódico de la derecha católica y carlista Pensamiento Alavés el día 11 proclamaba a toda página “Los elementos de la CNT local declaran la huelga” y daba una visión un tanto desmesurada de lo que sucedía en Vitoria en lo referido a coacciones y tiroteos. Las detenciones sí fueron numerosas, de bastantes sus nombres aparecieron reflejadas en la prensa: Matías Aguirre, Luis Aizpuru, Roque Angulo, Vicente Barroso, Daniel Calvo, José Corres, José Díaz, Teófilo Gallo, Ángel García, Julio Garrido, Julián Guridi, Julio Guisasola, Primitivo López, José Manzanares, Ángel Martínez, Francisco Muñuzuri, Antonio Navarrete, José Paumero, Antonio Retes, Atanasio Sáez, Eliecer Saiz, Manuel Samaniego, Manuel Santamaría, Andres Sarrate, José Torres, José Villambiste…Hubo otras muchas según el Libro registro de detenidos y procesados de la cárcel de Vitoria7. Al entierro celebrado en Vitoria del guardia civil muerto en Labastida se le dio mucho mayor realce que al del cenetista Francisco Basterra, joven obrero de dieciocho años, muerto de un tiro en el corazón.

En el resto de Álava la tranquilidad se impuso fuera de algunos conatos de actividad en Lapuebla, Villabuena, Elciego, Maeztu y Salvatierra. En Elciego fracasó el intento, contenido por las patrullas armadas opuestas al movimiento anarquista y todo lo que siguió fue represión: incautación de la documentación del Sindicato Único, arresto de los confederales David Lamaza, Pedro Lamaza, José López de Ibarra y Frutos López de Ibarra, multas de dos mil pesetas al ciado Pedro Lamaza y Pedro Osés8. Pensamiento Alavés del día cinco de enero hablaba del descubrimiento en Elciego de una organización subversiva conectada con las provincias limítrofes. En Salvatierra se detuvo a tres obreros de Ajuria: Martin Azpiazu Diez, Juan García Gordejuela y Blas Ochoa Mulet. En Maeztu sabemos de la imposición de multas tras los sucesos: 20.000 pesetas a Isaac Puente, encarcelado como miembro del Comité Revolucionario Nacional y 2.000 a Daniel García de Albéniz9, igualmente encarcelado, ambos asesinados por el fascio en 1936-1937. Seguramente hubo más, pero no hemos podido documentarlo como tampoco lo que pudiera haber acaecido en Lapuebla y Villabuena.

Titular contraportada Pensamiento Alavés 11-12-1933

Titular contraportada Pensamiento Alavés, 11 de diciembre de 1933

(continuará)

Miguel Íñiguez y Juan Gómez Perín


1 La participación de la Regional Norte en su conjunto en la sublevación anarquista de diciembre de 1933 fue pobre y de hecho en el Pleno de Comarcales de Aragón, Rioja y Navarra de junio de 1934, hubo duras críticas, sobre todo hacia su secretario, por parte de la comarcal de Logroño que dijo haber enviado delegados a Vitoria que fueron despedidos con cajas destempladas. Sobre el mismo asunto el compañero Liberto (seguramente seudónimo de Daniel Orille) desde Vitoria en Tierra y Libertad (30-6-1934) también se mostró muy crítico: la CNT de Vitoria no estuvo a la altura requerida el 8 de diciembre.

2 La CNT se implantó en 1920 en Elciego y Lapuebla de la Barca y en 1923 en Laguardia y Labastida.

3 Sobre los sucesos de diciembre de 1933 y sus derivaciones hasta 1936: Pensamiento Alavés, 9-12-1933, 11-12-1933, 12-12-1933, 14-12-1933, 26-12-1933, 28-12-1933, 29-12-1933, 30-12-1933, 1-1-1934, 3-1-1934, 10-1-1934, 15-3-1934.- La Vanguardia, 10-12-1933, 15-12-1933, 17-12-1933, 24-12-1933, 28-12-1933, 30-12-1933, 2-1-1934, 3-1-1934, 14-3-1934, 24-3-1935. – La Gaceta del Norte, 13-12-1933, 16-12-1933, 29-12-1933, 2-1-1934.- La Libertad, 26-12-1933, 28-12-1933, 29-12-1933, 1-1-1934, 5-1-1934, 1-4-1933.- Solidaridad Obrera, 14-12-1935, 22-1-1936.- Tierra y Libertad, 7-7-1934, 20-7-1934, 2-8-1934, reseña del consejo de guerra de julio de 1934.- Fermín Escribano, La España Rojinegra (Vitoria, AIP, 2016).- Javier Gómez, Matar, purgar, sanar (Madrid, Tecnos, 2014), 61-62.- Santiago de Pablo, La CNT y los sucesos revolucionarios de Labastida de diciembre de 1933 (Vitoria, Cuadernos de cultura 8, separata, 1985), 105-116.- Javier Ugarte, La nueva Covadonga insurgente. Orígenes sociales y culturales de la sublevación de 1936 en Navarra y el País Vasco (Madrid, Biblioteca Nueva, 1998) capítulo “Salinillas se moviliza”.- AHP de Álava. Libro registro de detenidos y procesados, cárcel de Vitoria.- labastida1933.wordpress.com (red, 2019).

4 Libro Registro de detenidos y procesados cárcel de Vitoria, diciembre de 1933.
Isidro Quintana Martínez, Nicanor Quintana Pérez y José Gil Cámara (desde el diez de diciembre), Ángel Barrón Martínez, Tomás Corcuera Cámara, Honorato Pesos Audícana y Apolinar Estefanía (desde el once), Miguel Lanzos García (desde el doce), Luis Gil Sáez, Máximo González Rodríguez, León Pérez Quintana, Pablo Arroyo García, Paulino Quintana Pérez, Pablo Caño Sáez, Félix Manzanos García, Pablo Varela Fernández, Esteban Manzanos García y Antonio Barrón Martínez (desde el quince), Alejandro Quintana García, Esteban Martínez Montejo (desde el 16), Serafín Vadillo López (desde el 19), Formerio Amurrio León, Laureano Quintana Martín, Félix Pesos Audícana, Ponciano Quintana Martínez, Ángel Manzanos García, Ángel Barrón Martínez, Arroyo Barredo, Honorato Amurrio Martínez, Joaquín Amurrio López, Rafael Martínez Montoya, Daniel Martínez Velasco, Vicente Ortega León, Eugenio Ayuso Bravo, Félix Martínez Hidalgo, Nicolás Ortega Blanco, José Rodríguez García (desde el 22).

5 La Vanguardia, 11-3-1934 y 14-3-1934.

6 Días después fue condenado por el tribunal de urgencia de Vitoria a tres años de presidio menor, por tenencia de substancias y aparatos explosivos. La Vanguardia, 24-12-1933.

7 Libro Registro de detenidos y procesados de la cárcel de Vitoria: encarcelados por disposición gubernativa, algunos enviados al tribunal de urgencia, entre el 9 y el 14 de diciembre (no se incluyen los de Labastida): Justo Abad, Julián Alarcia, Sebastián Amboto, Roque Angulo, Martín Azpiazu, Vicente Baroja, Estanislao Barredo, Roberto Basterra, Daniel Campos, José Corres, Emilio Cortázar, José Díaz, Antonio Diéguez, Teófilo Gallo, Ángel García, José García, Juan García, Victoriano González, Julián Guridi, Eduardo Irigoyen, Juan Jiménez, Primitivo López, Erotis Lozano, José Manzanares, Ángel Martínez, Antonino Mesanza, Leocadio Mesanza, Paulino Mesanza, Antonio Navarrete, Mariano Noguera, Blas Ochoa, Rufino Padrones, José Paumero, Eladio Peciña, Sebastián Pérez, Antonio Quintana, Domingo Ramírez, Félix Ramírez, Antonio Retes, Atanasio Rituerto, Eliecer Saiz, Serafín Sáez, Nicolás Saldaña, Manuel Samaniego, Andrés Sarrate, Luis Urquizu, Félix Urraca, Juan Vázquez y José Villambiste. El día 19 Ambrosio Ocio, Nicasio Marcos y Valentín García. El día 28 Daniel Orille, multado dos días antes con 20.000 pesetas.

8 Pedro Osés y David Lamaza fueron asesinados en 1936.

9 Pensamiento Alavés, 26-12-1933. La Vanguardia 2-1-1934.