ENTREVISTA CON ANA SIGÜENZA

Durante un receso de la formación del sábado 18, charlamos con la compañera Ana —pedagoga, ex secretaria general (2000–2003) y militante de la CNT—, que nos dejó estas reflexiones.

Tu opinión al respecto: ¿la CNT es un sindicato obrero o es un sindicato anarquista?

Ambas cosas, es un sindicato tan obrero como la I Internacional. Tan obrero como para conseguir por primera vez en Europa occidental la jornada de 8 horas, en 1919, y la semanal de 36, en el 36. Pero tan anarquista como para crear la mayor red de escuelas racionalistas que se conoce, tanto en este país, como en el mundo: Laicista, antiautoritaria, experiencial, coeducativa y a lo largo de la vida. Tan anarquista como para practicar el comunismo libertario, tanto como se pudo. Pionera en el naturismo y prestigioso feminismo. Hoy en día, la CNT sigue sin aceptar subvenciones, por ejemplo. El método anarquista es el que más descoloca al establishment y eso siempre le viene bien al movimiento obrero.

El panorama sindical se mueve dentro de unos parámetros muy establecidos y encorsetados ¿qué posibilidades tiene la CNT y cómo articularlas?

La CNT sabe cómo moverse en terrenos donde el sindicalismo palaciego ni se molesta en escuchar las demandas. Las nuevas formas de trabajo, en cuanto a producción y servicios, con atomización creciente, hacen impracticable el sindicalismo de concertación, de ministerios sindicales, pero es terreno natural para el anarcosindicalismo.  La gente lo sabe y acude a CNT cuando de verdad quieren dar la vuelta a la tortilla. Organizados en secciones sindicales, se garantiza que nadie va a decidir por ti y nadie se va a llevar un rédito por poner la firma en un mal acuerdo con la patronal. Tenemos muchos ejemplos de ruptura de moldes, especialmente en EREs, porque la CNT no los firma por estatutos y las trabajadoras nos dan la representación ya que saben esa garantía.

¿Qué te ha parecido la formación que has dado sobre Normativa, como has visto a la militancia que ha acudido?

La verdad, ha sido un honor y un reto porque el nivel de los compañeros y compañeras participantes era bastante alto, muy motivados, participativos y con ambiente fraternal. Se han explicado las bases y los porqués de nuestra estructura y funcionamiento, alternando información con actividades prácticas, lúdicas e interactivas, mediante herramientas en diferentes formatos, que ahora pueden llevar a sus sindicatos y replicarla.

¿Cuáles son los ejes por donde tiene que pivotar la CNT para con la nueva afiliación-militancia?

No somos ingenuas. La pandemia fomentó el individualismo y fue un parón para los movimientos sociales. Nuestra batalla es contra el delegacionismo de la gente y la reducción del sindicalismo a un tema jurídico. En este momento, trabajamos en dos escenarios, afiliación que viene por su problema laboral individual, que siguen un circuito de incremento de capacitación de acción directa para su defensa y, por otro lado, afiliación que no tiene un problema inmediato concreto, pero es inconformista con el escenario laboral o social y ha reconocido a la CNT como una opción profundamente diferente. Con este segundo grupo, hacemos bienvenida, orientación y seguimiento para los primeros pasos y se integran, participan, aprenden y aportan. Son enseguida militantes, por su inquietud y nivel de compromiso. Notamos que falta preparación ideológica, por ello probamos nuevas fórmulas para acercamiento distendido a las ideas. En mi sindicato, por ejemplo, tenemos un club de lectura abierto, que está siendo una pasada. Y mucha memoria histórica de la inspiradora para el presente.

Concha Liaño haciendo un repaso a su trayectoria se preguntaba “si valió la pena”, ¿Ana después de toda una vida militando en la CNT te “valió la pena”?

Por supuesto, si volviera a nacer volvería a afiliarme. A los diecisiete, con la osadía de la edad, yo tenía unas ideas y creía que era la única en el mundo, porque en ese momento no conocía a la CNT, que estaba prohibida. Cuando me enteré de lo que era la CNT, de su trayectoria y base, dije, pero si eso es lo que yo soñaba. Muy bien, pero lo que no sabía era la riqueza humana que me iba a encontrar ahí, las experiencias que iba a vivir y el autoconocimento de las capacidades qué crees no tener pero que los compas y las compas  me ayudaron a potenciar y descubrir. Nada se logra sin esfuerzo y compromiso y el que diga lo contrario, miente. Somos obreros y nacimos con ese sino de tener que pelear eternamente por cada cosa y ello nos hace más resistentes. Pero hacerlo y caminar por la vida con gente que piensa como tú y anticipa cada día otro mundo, con ilusión, con creatividad, desde otra ética, eso no tiene precio. Soy la persona más feliz cuando estoy con los compañeros y las compañeras. Defiendo que la parte emocional es la chispa de la unión. Y si hay momentos más grises, recuerdo a nuestras antecesoras y me digo, venga que las abuelas se jugaron más, no te amilanes y tira.